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HISTORIA DE LAS DROGAS: BREVE SÍNTESIS CONCEPTUAL DE LOS TRES TOMOS DE LA FAMOSA OBRA DE ANTONIO ESCOHOTADO

Síntesis a cargo del Lic. Pablo Kohen

Volumen 1

Para el autor, desde los ojos cartesianos muchos conciben hoy el uso de ciertas sustancias como una nueva forma de pecado, y los códigos tipifican esa conducta como una nueva forma de delito. Hace medio siglo el malestar social e individual se admitía, mientras ahora «es como si existiera un tabú que prohibe definir como repugnancia la repugnancia que produce esta sociedad. Escohotado señala que desde esta lógica, quien vulnere dicha regla, sea grupo o sujeto singular, se autoincluye en el bando de los enfermos mentales, y como enfermo mental -además de pecador y delincuente- viene siendo tratado el usuario de drogas desde algunas décadas.

Para el autor el criterio de quienes gestionan el control social entiende que, por definición, cualquier sustancia «psicotrópica» es una trampa a las reglas del juego limpio: lesiona por fuerza la constitución psicosomática del usuario, perjudica necesariamente  a los demás y traiciona las esperanzas éticas depositadas en sus ciudadanos por los Estados que tienen derecho a exigir sobriedad porque están atentos a fomentar soluciones sanas al estrés y la neurosis de la vida moderna, encarnadas sobre todo en el culto al deporte de competición.

Se contrapone así como ideales una sociedad sin drogas y otra donde exista de todas tan abierto como el de publicaciones o espectáculos, con el refinamiento en la oferta que hay para bebidas alcohólicas, cafés o tabacos. Apoyado lo primero por leyes represivas cada vez más severas, la mayoría de los ciudadanos parece haber hecho suyas las consignas del Estado.

El uso indebido de ciertas drogas, para el autor, no puede ocultar la estrategia de poder que al mismo tiempo está en juego. El conflicto sanitario es también un destacado problema político, donde para el hombre contemporáneo no sólo está en juego la salud propia, sino un determinado sistema de garantías jurídicas.

La dimensión política del crimen relacionado con drogas se muestra en su tipificación penal: es un delito de puro riesgo o «consumación anticipada» que se cumple sin necesidad de probar un perjuicio concreto seguido para alguien determinado.

La especialísima naturaleza de semejantes delitos se observa en el hecho de que delincuente y víctima pueden (y suelen) ser una idéntica persona, pues la orientación del derecho aquí es proteger al sujeto de sí mismo, de grado o por fuerza, como cuando exige el uso del cinturón de seguridad en los conductores de automóviles.

Cuando un delito previamente desconocido se eleva a fuente principal de las condenas, y crece en vez de contraerse con la represión, cabe sospechar que encubre un proceso de reorganización en la moral vigente (…) Cierto tipo de solidaridad colectiva se enfrenta a una crisis interna, que rechaza como agente  patológico exterior.

El recurso no es nuevo y fortalece vigorosamente los mecanismos de integración social; sin embargo, lo contestado en última instancia es a quién incumbe definir las pautas de conductas admisibles, y de ahí su delicada relación con un compromiso consustancial al sistema democrático, que es proteger la diferencia frente a propuestas uniformizadoras (…) el problema depende de una solidaridad que asuma la ideología promovida como Mayoría Moral sin descartar los códigos de otras minorías, constitucional aunque no institucionalmente protegidos.

Una sociedad sin infractores a sus leyes ideológicas sería un fósil y el crimen de esta índole debe considerarse útil socialmente, pues «no solo implica que el camino está abierto a los cambios necesarios, sino que en determinados casos prepara esos cambios (Durkheim: las reglas del método sociológico)

La diferencia rechazada por razones morales es al mismo tiempo una producción de moral. A los desviados y a aquellos a quienes se encomienda el  control -con el resto de la población como publico pasivo del espectáculo corresponde actualizar el sistema de valores, que ha entrado en crisis por un complejo de motivos, aunque aísla esa concreta cuestión como paradigma del conflicto. En definitiva, cambio social y cambio de moralidad son aquí una y la misma cosa.

Articuladas en torno al mecanismo de integración colectiva que es el chivo expiatorio, con tales histerias se activa la arcaica dualidad pureza-impureza, y la conducta particular de ciertas personas se carga mágicamente de riesgos para todos los otros.

El punto de partida para un examen científico: las perplejidades de la cruzada farmacológica comienzan con la propia noción de droga que le sirve de apoyo (...) la frontera entre el perjuicio y el beneficio no existe en la droga, sino en su uso por parte del viviente.

Al incorporar un sentido moral, los narcóticos perdieron nitidez farmacológica y pasaron a incluir drogas nada inductoras de sedación o sueño, excluyendo una amplia gama de sustancias narcóticas en sentido estricto.

Tras varias décadas de esfuerzos por lograr una definición «técnica» del estupefaciente, la autoridad sanitaria internacional declaró el problema insoluble por extrafarmacológico, proponiendo clasificar las drogas en lícitas e ilícitas.

Los Estados no tratan ya de controlar la difusión de ciertas drogas, como al comienzo de la cruzada, sino que se consideran  en el deber de controlar todo cuerpo de influjo sobre «el juicio, el comportamiento, la percepción o el estado de ánimo (...) Es incumbencia suya (del Estado) cualquier modificación química de la conciencia, la ebriedad en general.

El Estado asume la supervisión en general y por derecho propio (...) por consiguiente, lo que acontece en materias de drogas habrá de considerarse  una excepción a la regla que defiende la autonomía de la voluntad individual.

Tras milenios de uso festivo, terapéuticos y sacramental, los vehículos de ebriedad se convirtieron en una destacada empresa científica, que empezó incomodando ala religión y acabó encolerizando al Derecho, mientras comprometía a la economía y tentaba al arte.

La cruzada contra algunos de ellos constituye una operación de tecnología política con funciones sociales complejas, donde lo que se despliega es una determinada física del poder.

A tal punto es así que su amenaza reúne a capitalistas y comunistas, a cristianos, mahometanos y ateos, a ricos y a pobres, en una cruzada por la salud mental y moral de la Humanidad

Para convertir la historia de la ebriedad en un apéndice realmente ilustrativo sobre la condición humana hará falta el esfuerzo (...) que permitan «analizar el cerco político del cuerpo» (M. Foucault). Aquí el objeto de análisis es una evolución que desemboca en el cerco jurídico-moral del ánimo.

En vez de evitar que el cuerpo escape a sus ánimos, como pretende el régimen penitenciario, la meta aquí es que los ánimos no puedan escapar a su cuerpo, ambición milenaria de la ascética.

SECCION PRIMERA: La era pagana

Distribución espacial de las sustancias de ebriedad (psicofármacos) "universales"

(El futuro de las bacanales). El poder se dirigía ante todo contra la idea de sociedad secreta, debido a su posibilidad de evolucionar en subversión contra las instituciones vigentes.

El verdadero interés de estos hechos es ilustrar el mecanismo de peste moral, que parece basado en el derecho y la razón civil, pero desencadena una suspensión general de la juridicidad y el raciocinio en favor de métodos simplemente fulminatorios

Se tiene por evidente que las campañas de descontaminación contra pestes no sólo están justificadas, sino que son lo único viable y eficaz para la autoridad política.

SECCION SEGUNDA: Los monoteísmos con vocación de imperio universal

1. Cristianismo y ebriedad: desde su comienzo el cristianismo persiguió directa o indirectamente, pero con gran tenacidad, los focos de cultura farmacológica.

(Referencia ciertos sacerdotes específicos). Pueden colaborar lealmente con el orden social establecido y también oponerse a él cuando el  poder político incumple los pactos en que se apoya dicha colaboración, pero no constituyen personajes marginales sino socialmente integrados.

2. La política específicamente censora: ciertos crímenes pueden reprimirse tipificándolos en códigos y castigando su comisión. Ciertos otros son tan intrínsecamente abominables que el mero hecho de tipificarlos podría sugerir su comisión a los perversos, y ofendería gravemente el pudor de los justos.

Sin prejuicio de fulminar a los reos de actos tales, los propios actos resultan tan odiosos que la política a seguir es expulsarlos del orden simbólico, excluirlos de la palabra en general. Debe afirmarse que la prohibición en materias de drogas está ya completamente definida desde el momento en que triunfa la orientación paulina. (Entregarse a la droga = Pactar con Satán.)

La herejía cristiana hereda este aparato burocrático censor e inventa técnicas para modificar también el pasado

El número de templos, escuelas y bibliotecas paganas consumidos por las llamas resulta incalculable (...) Los comisarios católicos y los de las iglesias reformadas coincidían en el valor del fuego para purificar la inmundicia espiritual:

Ya desde sus comienzos, la Cruzada muestra una considerable instrumentalización, apoyada sobre prejuicios étnicos y de clase, cuando no políticos (...) De hecho, críticos, locos y pobres eran quiénes tenían más probabilidades de ser convertidos en cenizas. (Más allá que no se puede comprobar las acusaciones en casi ningún caso. Reconocido por los propios comisarios.)

Volumen 2

SECCION III: Del estado teocrático al estado de bienestar: el interregno liberal

1. Principios de la convivencia civil: El delincuente ya no es un potencial regicida, culpable de desacato a la autoridad infinita de un príncipe por gracia divina, sino alguien que debe una reparación por actos de hostilidad hacia sus iguales, los demás ciudadanos. (Ver Nietzsche: Moral = Culpa como deuda) Sólo serán punibles aquellos actos de los que se derive un perjuicio demostrable para la persona o el patrimonio de alguien determinado.

2. La reacción anti-liberal: Es una tentación para los historiadores atribuir a un factor u otro la génesis del prohibicionismo. Ante el estado actual de los conocimientos (...) resulta más razonable poner de manifiesto las diferentes perspectivas que intervienen en el proceso:

El elemento religioso tradicional, que tras sufrir un retroceso a raíz de las revoluciones laicas experimenta un vigoroso revival en el mundo anglosajón (...) el fundamentalista cristiano va extendiendo a otras drogas la condena teológico-moral

Las tensiones sociales que producen el rápido proceso de proletarización e industrialización, combinado con la aparición de grandes concentraciones urbanas. Las formas de ebriedad empiezan a simbolizar la medida de desviación que grupos determinados admiten sin temor a desintegrarse, y las medidas propuestas se ligan con esfuerzos de control cuyo objeto son sectores definidos por su marginación.

La evolución del estamento terapéutico y la herencia que recibe de competencias correspondientes al eclesiástico en otros tiempos, así como el complejo cuadro de relaciones internas que comienza a cristalizar dentro de las profesiones médicas.

La progresiva liquidación del Estado mínimo, que comienza a asumir funciones y servicios antes confiados ala atención de la sociedad civil, como acontece con los pobres, los dementes, los huérfanos y los alcohólicos.

El conflicto chino-ingles a propósito del opio, que crea una importante colección de estereotipos y define nuevas pautas coloniales.

3. La evolución del prohibicionismo en Estados Unidos: A grandes rasgos, el despegue industrial americano se refleja al nivel de la marginalidad en que su control ya no se confía a la sociedad civil, sino al Estado. Para que pueda florecer el nuevo capitalismo es preciso fortalecer mecanismos de control social antes desconocidos, presentando los consecuentes como antecedentes allí donde resulte oportuno, como lo que acontece con el alcohol.

4. El nacimiento del Partido prohibicionista: Una clase terapéutica rigurosamente seleccionada asumiría en exclusiva una tutela de la mente y el cuerpo, en esencia idéntica a la anterior tutela de la religión oficial sobre la pureza de la fe y la salud de su alma; en un caso la base era teológica y en el otro científica, pero por eso mismo los nuevos tutores podían considerarse absolutamente legitimados.

SECCION IV: La cruzada en su Génesis

1. Las dos primeras décadas de la cruzada: Tras la vigorosa iniciativa norteamericana, los Estados van asumiendo que la salud pública no consiste tanto en evitar las poluciones que amenazan desde afuera al ciudadano como en protegerle de ciertas tentaciones internas y sobre todo, de aquellas que le mueve a alterar por medios químicos su modo de sentir el mundo (...) El lugar ocupado otrora por la disidencia teológica comienza a ser ocupado por la disidencia farmacológica, siendo las autoridades tan liberales en materia de fe como ortodoxas en materia de drogas.

2. El cambio delata desplazamientos estratégicos en la física del poder, obedientes a consideraciones de control político.

3. Mientras el estamento médico, el judicial y el represor mantenían complejas relaciones en Estados Unidos, parte del mundo comenzaba a acoger la idea de la dieta farmacológica como incumbencia estatal.

4. La fase de latencia: (referencia: medidas preventivas) para el hombre común, y para los Estados no comprometidos aún con un verdadero «problema» de drogas, se trataba de una política basada en la salud pública y el progreso científico.

5. La formación de una farmacracia: el propósito original de cortar una especie de epidemia pasajera es ya un mecanismo autoalimentado de intervención.

6. Psicología y sociología del nuevo adicto: referencia a las tesis de Durkheim cuando analizaba la función genérica del castigo penal

7. ¿Porque se promulgan leyes semejantes? «Sin paradoja, cabe decir que el castigo está sobre todo pensado para obrar sobre las gentes honradas, pues cura las heridas sufridas por los sentimientos colectivos».

8. La finalidad aparente es la de intentar disuadir el uso de drogas; la real se basa en que las «gentes honradas» sientan a la vez terror (ante la perspectiva del estigma) y placer (viendo castigada la desviación). Como la meta es reafirmar a cierto grupos en sus actitudes, no son leyes para los adictos, sino autos de fe para cualesquiera otros,

9. "Aunque la represión penal no disuada gran cosa (...) ayuda mucho al robustecimiento de las propias creencias" (Castillo)

10. La reacción liberal (New left): La tesis principal era que la cruzada contra las drogas constituía  una empresa pseudomédica y extrajurídica, que en vez de solucionar problemas de marginación los producía

11. (Referencia a Merton y su profecía autocumplida. Llamado también teorema de Thomas: contando con los medios adecuados «si se afirma una determinada imagen de la realidad, esta imagen tiene efectos reales».) Presentando los resultados de la cruzada farmacológica como consecuencia de un mecanismo circular, donde cierta imagen de la realidad es impuesta a ella y luego presentada como efecto independiente de la imposición.

12. La ideología farmacrática: (Referencia a Szasz y el "terapeutismo") A su juicio la ideología oficial (Menninger) solo tenía un barniz humanista, bajo el cual yace, inmodificada, la barbarie más arcaica: el negocio de manipular a las vidas ajenas sumado a la ambición de fundir a la Medicina y el Estado

13. Suposición: el enfermo, llamado toxicómano desea curarse y que antes del tratamiento obligatorio sus facultades intelectuales como adulto de la especie humana están obnubiladas por los paraísos artificiales del estupefaciente.

14. Si en el principio aparecía como «diablo»ahora se presenta como un «enfermo», justificando en ambos casos un avasallamiento de su voluntad. La conversión religiosa forzada será sucedida por el cambio forzado de personalidad mediante psicoterapia, con lo cual queda vigente la barbarie nuclear de omitir el derecho a la responsabilidad propia, corolario inexcusable de la libertad.

15. La psiquiatría se ofrece así al estado contemporáneo para cumplir las funciones desempeñadas en el Estado teocrático por el estamento clerical.

16. En la primera mitad de los años sesenta se hallaba totalmente construido un discurso crítico contra la prohibición, tanto en el ámbito político y jurídico como sociológico y psiquiátrico:

El fenómeno recibe una definición estereotipada que genera su distorsión

El Estado no tiene derecho a proteger a los adultos de sí mismos

La ilegalización de ciertas drogas no sólo es ineficaz, sino contraproducente a efectos de evitar abusos en su administración.

Volumen 3

SECCION VI: Los insurgentes

El significado general de la desobediencia: La psiquedelia fue una opción algo pueril, con un formidable éxito al nivel del gusto (...) En contra no sólo estaba el conservadurismo tradicional (complejo industrial represivo-terapeutista ), sino el sector que se llamaba progresista y veía allí una deserción del compromiso político.

Una orientación de la técnica hacia metas emancipadoras y no manipuladoras, una demolición de apoyos institucionales a la mentalidad autoritaria, una efectiva condición de libertad y dignidad individual.

SECCION VII: La herencia de una rebelión abortada

1. (Ref. Comité de Expertos en Drogas que producen Adicción - Ginebra, 1925) Su deber era cuidar la salud física y  moral de la humanidad, la incumbencia de los Expertos era demostrar que eso se había hecho y se hacía sobre fundamentos científicos claros (...) El Comité se veía abocado a definir lo prohibible cuando en realidad estaba comprometido en la defensa de una lista de cosas prohibidas ya.

Adicción: Estado de intoxicación crónica y periódica originada por el  consumo repetido de una droga, natural o sintética, caracterizada por:

Una compulsión a continuar consumiendo por cualquier medio

Una tendencia al aumento de dosis

Una dependencia psíquica y generalmente física de los efectos

Consecuencias perjudiciales para el individuo y la sociedad. (Pronunciamiento de la OMS en 1957)

2. Tanto la distinción entre "compulsión" y "deseo" como la distinción entre "tendencia" y "poca tendencia", o la distinción entre "intoxicación crónica" y "estado debido al consumo repetido", eran evidentes arbitrariedades cuando no meros juegos verbales.

3. Investigar, legislar, reprimir: Al imponerse al comienzo de los años sesenta la idea terapeutista del consumidor de drogas prohibidas, que se caracteriza por concebirle como enfermo y víctima, quedaban puestas las bases para una colaboración de los poderes represivos y la ciencia social en un sentido amplio, entiéndase que con la ayuda de psicólogos, sociólogos, antropólogos, asistentes sociales, economistas, estadísticos y otros expertos profesionales sería posible comprender y prevenir mejor el uso de substancias ilícitas. Esta línea partía del axioma saber es poder.

Epilogo

1. Los intereses estatales: El Estado contemporáneo (de bienestar, asistencial, terapéutico o social) ha asumido los afanes eclesiásticos, alegando imperativos del progreso científico allí donde su predecesor se justificaba por mandatos divinos

2. Lo equivalente al poder farnacrático planetario es el procesado de noticias hecho por mass media a que se concentran progresivamente en menos manos, donde la vieja censura es autocensura, y la libertad de expresión depende del acceso o falta de acceso a esos cauces.

3. Si la ortodoxia en materias de drogas no es una decisión aislable de otras decisiones políticas y económicas, aparentemente desvinculadas de ella, su expreso fin es una homogeneidad de hábitos que se presenta como premisa de "integración social"

4. Las exigencias uniformizadoras -básicas para el orden y funcionamiento de cuerpos armados y sacerdotales- han sido impuestas por toda una suerte de poderes establecidos, y repudiadas también como verdadero beneficio para la sociedad civil.

5. El ritual purificador: buscando el preciso gozne sobre el que gira la exigencia de uniformidad farmacológica topamos enseguida con un mecanismo aparentemente ajeno al curso del tiempo, universal, definible como localización y transferencia de la impureza.

6. Los móviles, procedimientos y soluciones que se han arbitrado para combatir distintas pestes morales exhiben una marcada convergencia, aunque milenios separen unas iniciativas de otras. El mecanismo es un sacrificio ritual de apestados, que pone en marcha una dinámica de realimentación.

7. Caracteriza a ese tipo de curas que el éxito y el fracaso no sean nunca hechos unívocos o, en otras palabras, que el verdadero éxito resida en cronificar y ampliar al máximo la calamidad.

8. La circularidad del proceso: La autoridad de hecho ha venido capitalizando en beneficio propio no una, sino toda una suerte de pestes morales. Sus rentas inmediatas son una peculiar concepción de la realidad, donde las instituciones encargadas de declarar y remediar la plaga parecen Mesías, a quienes deben concederse poderes omnímodos para evitar la rápida fulminación del cuerpo social.

En esencia, los institutos encargados de curar pestes morales capitalizan la influencia misma, como derecho a intervenir por medios coactivos en esferas antes ajenas a coacción.

El orden de los argumentos:

1. El argumento objetivo: La base para intervenir coactivamente sobre el entendimiento ajeno es que substancias determinadas provocan el embrutecimiento moral e intelectual, siendo por eso mismo «estupefacientes». Lo característico de este argumento fue basarse en  cuerpos químicos precisos.

Al defender la moralidad y la salud pública, el argumento objetivo se apoya en pasar por alto que las condiciones adheridas a la satisfacción de un deseo determinan decididamente sus características. La realidad sociológica en materias de drogas es una consecuencia, y no una premisa, de su status social.

2. El argumento de las autoridades: la política vigente se apoya en el peso especifico de sus propugnadores, distribuido en un grupo de eminencias y una masa de personas innominadas (Mayoría Moral, o silenciosa). Se alega que no podrían equivocarse los líderes más respetados del mundo y una abrumadora mayoría de ciudadanos.

3. El  argumento conjetural: desde sus comienzos, la conciencia prohibicionista ha recurrido a una tercera forma de razonar, según la cual todo cambio de la política vigente dispararía el consumo de  las drogas ilegales hasta extremas apenas conjeturables.

Crítica: la historia enseña que ninguna droga desapareció o dejo de consumirse debido a su prohibición. Enseña también que mientras subsista una prohibición hay muchas más tendencias a consumos irracionales.

4. El argumento jerárquico: la esencia de este argumento es que lo indeseable se combate con penas, y que definir lo indeseable corresponde en cada caso a quien manda, De ahí que resultado tenga mucho de inesencial, pues lo decisivo es conservar el principio normativo mismo. Aplicada alas drogas, esta orientación no pretende disuadir a quienes consumen las prohibidas sino a los demás.

5. El argumento del hecho consumado: si en algún foro público un defensor de la Prohibición agota estas razones, dice de inmediato que ningún país puede cambiar de política en este campo sin traicionar compromisos internacionales ratificados.

Objeciones: la cruzada farmacrática fue el invento de un solo país -coincidente de modo puntual con su ascenso al estatuto de superpotencia planetaria- que se exportó al Tercer mundo mediante una política de sobornos y amenazas (…) Una vez creado el problema, todos los gobiernos comprendieron las distintas rentas políticas y económicas que se derivan de mantener la cruzada.

Una conclusión precaria

Si los adultos no reclaman como derecho inalienable la automedicación, y el de conocer por vías sensatas todas las formas descubiertas para alterar la conciencia, la farmacracia impondrá cada vez más sus intereses particulares como bien común.

Las sociedades se hallan inermes ante políticas que estimulan el delirio paranoico en detrimento de la reflexión, y que no mañana sino hoy mismo amparan una soma como honesta medicina para no-toxicómanos.

Ser generosos con quienes se convierten en víctimas de sí mismos no se armoniza con un aparato represor dedicado a crear víctimas en sentido estricto, gente perseguida por la ley.

Vencedores y vencidos: (Ref.al nacimiento de la carcel-delincuetes de M.Foucault) Fue el sostenido crecimiento en la burocracia, a partir de la revolución industrial, lo que convirtió al antiguo enemigo del príncipe, ajusticiado atrozmente a la vista de todos, en una miríada de sujetos que quizás no eran culpables de una falta o delito preciso pero si de omitir la «normalidad», y que por eso mismo pedían ser reeducados científicamente. El aparato público se convirtió de ese modo en custodio de una medida -el comportamiento normal- que «naturaliza» el poder legal de castigar y legaliza el poder técnico de disciplinar.

Quienes temen convertirse en delirantes consumidores de drogas -y proyectan este temor sobre otros- son, ante todo, los más «normales», aquellos aparentemente identificados sin dificultad con el reino de lo insubstancial, la dineromanía y las preprogramadas aventuras.

-          Madrid, 1989

Publicado en el CD ROM Drogadependencia Abordajes Múltiples. Juan Dobon y col.  Biblioteca Medica Digital