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ACERCA DEL PADRE. Por Edgardo Motta

 

I):             Existen transformaciones en los lazos sociales, observables en el decurso del tiempo (cualquiera sea el segmento cronológico, y el del “tipo de lazo social” que se recorten para delimitar un campo  a considerar).

II):             Existen discursos. El término discurso refiere aquí a toda forma de dichos y/o escritos que constituyan un conjunto, en el heteróclito orden del  saber. Verbigracia: sociología, economía, política, psicología, historia, psicoanálisis, etc.

            Tales  discursos simbolizan; significantizan; hacen “ex-sistir”;  interpretan;  dan sentido;  organizan,  lo fenoménico de cada  campo de referencia particular; dependiendo la delimitación de tales campos en lo real de la propia estructura de discurso que los produce. 

Ocurre que no siempre la enunciación de los discursos permite captar su carácter de operación sobre un real; hay formas de enunciar que  velan el hecho de que el discurso  construye su referente “objetivo”, según sus propios recursos referenciales.

Para lo que más adelante se afirmará es necesario estar advertido del carácter de artefactualidad de todo discurso.

III):      Es un hecho que dentro mismo de los conjuntos de discurso, se constatan mutaciones discursivas, operadas en el decurso del tiempo, modificaciones que parecen guardar relaciones con las transformaciones indicadas en el punto I. No siempre dichas relaciones son explicitadas, y/o exhaustivazas discursivamente, más habitualmente se las da por supuestas. Tal suposición  se sostiene en la idea de que los cambios en el orden del saber responden a las solicitaciones de lo real. Dicho de otro modo, las profundas alteraciones que los actores sociales experimentan, a causa de las transformaciones ocurridas en el orden socio-político-económico, afectan su posicionamiento, conducta y  subjetividad  en todos los lazos sociales en los que se encuentran involucrados. Esas alteraciones reclaman  tanto inteligibilidad, como praxis operatoria, y es a esas demandas que el saber trata de responder.

IV):       Establecemos como campo referencial de discurso a las relaciones familiares recortando en ellas  en particular a las del padre con el resto de los miembros.

V):             Tomamos como conjunto discursivo, cuyo referente es el  campo definido en IV, a las proposiciones psicoanalíticas, en particular las de S. Freud y de J. Lacan en relación a la  llamada: “función del Padre”, o más simplemente ‘padre’.

VI):            Extraemos del conjunto el término “Declinación de la función del Padre” (Término que puede ser puesto en palabras de distintas maneras).

VII):     Puede historiarse la serie de transmutaciones discursivas que lo van constituyendo: Sucintamente, tiene inicio en un escrito de S. Freud titulado: “Der Untergan des Ödipuskomplexes”  de 1924.

Tras la aparentemente simple cuestión de su traducción a otras lenguas se encuentra velada una compleja construcción de las tesis psicoanalíticas que se declinan a partir de la palabra “Untergan”. A veces trascripto como “El Final”; otras como “La Disolución”; otras como “El Sepultamiento”; otras como “El Naufragio”; otras como  “La Declinación”; en todos los casos  el objeto del Untergan es el Complejo de Edipo.

Puede advertirse, más tarde, un deslizamiento gradual de la elaboración discursiva psicoanalítica,  desde el ‘Complejo’ hacia el ‘Padre’; hecho particularmente evidente dentro de lo que se dio en llamar “La enseñanza” de J. Lacan. Por poco que se la siga, se  nota un esfuerzo por extraer la cuestión del Complejo de Edipo de su presentación mitológico-literaria, más o menos habitual en el psicoanálisis hasta él. El camino que su trabajo teórico prosigue lleva al establecimiento de una estructura y de funciones. Por así decir, el “Edipo” deviene estructura, y el “Padre” función estructural.

Este solo paso tiene enormes efectos tanto en la elaboración discursiva, que lo seguirá, como el orden de una praxis sobre lo real, pues coloca la cuestión del ‘Padre’ en un orden distinto de determinaciones. Señalemos solo dos consecuencias que se derivan de su nueva puesta en forma:

1º: el de la presencia/ausencia del padre: sin duda no se producirán iguales efectos si el padre está que si no está presente en la realidad, pero es de su ausencia en el ‘complejo’, (modo lacaniano de llamar a la estructura en un momento), que caben esperar dramáticas secuelas para la constitución y subsistencia de la  subjetividad.

2º: el de la suplencia: nada asegura que la satisfacción (en el sentido lógico-matemático del término) de la función ‘Padre’ en la realidad no requiera más tarde de algo que venga a dar respuesta a lo que eventualmente no está disponible. Situación más evidente, en la psicosis; obviamente, dado que es el caso de la ausencia del ‘Padre’ en la estructura; pero no menos  existente en los casos en los que el padre está presente en el complejo. Ello se debe a que cualquier ser hablante llamado a cumplir la función paterna no puede sino transmitir su propia posición en relación al deseo; lo que quiere decir,  que son sus propias respuestas, fantasmáticas, sintomáticas e identificatorias, a la pregunta por el deseo, al punto y grado de elaboración subjetiva que hubieran alcanzado al momento del ejercicio efectivo en la función, las que determinaran su forma singular de transmitir lo que ha conseguido hacer en ese plano. Esa transmisión dejará a quien la reciba en condiciones de construir “su” propia posición respecto al deseo cuando llegue el momento de su puesta en acto;  y justamente cuando tal ocasión se presente también puede hacerlo aquello que de la transmisión no este disponible o no pueda ser reescrito [9];  tal situación es la que hace  necesaria la puesta en función de lo que  hemos llamado ‘suplencia’.

Conviene tener presente que no puede afirmarse, fuera del campo de los ideales o creencias, que exista un saber que asegure el “buen” ejercicio de la función. Claro que aceptarlo implica la renuncia a  quimeras que la subjetividad necesita a la hora de enfrentarse a la tarea. Vale también recordar que aunque no hubiese tal saber si  hay un “saber hacer” que la estructura provee; pero ese “saber hacer” esta sometido a un régimen complejo de  determinaciones en el cual las posibilidades contingentes, a cada momento, se restringen según el orden de lo imposible que habita la estructura subjetiva, bajo la forma de lo real.

Hay que señalar que la función estructural “Padre” no queda reducida, en la enseñanza de Lacan, a sus primeras formas de presentación, por ejemplo aquella en que es puesta en forma bajo la denominación de significante del Nombre del Padre (NP) en la metáfora paterna. Una larga elaboración  la continúa. Solo podemos aquí trazar su arco indicando al menos dos de sus momentos:

*: uno intermedio, en el que, más allá del padre edípico, es la estructura de un discurso, en un sentido de la palabra discurso que se precisará más adelante, la que tiene efectos en la regulación de las relaciones del sujeto con el goce y con el deseo. Regulación que no está sometida  solo a la ley de interdicción del incesto.

*: otro final, correspondiente  a sus últimos seminarios; en ellos, por un lado, la función ‘Padre’ es puesta en  forma bajo su articulación como cuarto elemento respecto del nudo borromeo. Su operación asegura la estabilidad de la estructura de anudamiento del sujeto; y, por el otro, en los que se potencia la entrada en operación de las formas de suplencia tanto para las psicosis como para las neurosis, vale decir para todo sujeto de lenguaje.

VIII):  Dada la gran incidencia que las enseñanzas de Lacan han tenido tanto dentro del psicoanálisis como sobre vasto conjunto de saberes, no es de extrañar, que el término “Declinación” se hiciese de uso común (‘declin’ es la traducción francesa del ‘untergan’, alemán).

En el empleo  que hacen del término Declinación del Padre un gran número de psicólogos, sociólogos, educadores, funcionarios, intelectuales, ideólogos,  comunicadores sociales, y  hasta algunos psicoanalistas,  puede constatarse que al leer-interpretar la palabra  “declinación” se ha reducido el campo semántico que la misma tiene en la lengua, a un solo eje de sus significados,  este eje abarca las siguientes significaciones: caída/ descenso/ declive/ decadencia/ degradación/ menoscabo/ menguar/ ir perdiendo en salud, inteligencia, riqueza, lozanía, etc./ caminar o aproximarse una cosa a su fin y término.

Esta reducción  debe ser señalada, dados  los efectos que produce en cascada tanto sobre la propia elaboración discursiva que la prosigue, como por sus consecuencias al nivel de una  praxis en lo real.

No afirmamos que esta manera de ‘interpretar’ el término “Declinación” sea incorrecta, en el sentido de que no  toca algo de lo real de su referente; si afirmamos que  es incompleta; es por lo que la nombramos con la palabra “reducción”, y al hacerlo pretendemos subrayar los efectos de oclusión, de limitación de posibles derivas tanto en el orden del discurso como de la acción.

Es necesario recordar ahora algunos de los ejes semánticos de la palabra ‘Declinación’, que han sido generalmente omitidos al emplearla en la expresión ‘Declinación del padre’

* (Gramática): En las lenguas de flexión casual, serie ordenada de todas las formas que presenta una palabra para desempeñar las funciones correspondientes a cada caso.

* (Gramática): Paradigma de flexión casual que presenta una palabra, y que sirve como modelo para declinar otras palabras.

            *  (Topografía/Geodesia): Declinación  magnética o de compás. Ángulo variable que forma la dirección de la brújula con la línea meridiana de cada lugar. Se refiere al desvío que el campo magnético terrestre produce en la aguja de una brújula respecto de la localización que puede hacerse según  las coordenadas geográficas  para un punto dado. Más simplemente, el polo magnético no coincide con el topográfico; de allí la invención de dispositivos –declinómetros- para efectuar correcciones en la lectura de la posición hecha a partir de una carta.

            Así como el uso de los actuales dispositivos GPS  permite situar la posición de cualquiera (en relación a un punto definido por las coordenadas X, e Y del sistema) mucho más rápida, fácil y ajustadamente que bajo el modo que utiliza una brújula, un declinómetro y un mapa; de la misma  manera, la inclusión en el campo semántico de la palabra ‘declinación’ de los significados recién evocados, permite captar el valor de la expresión “Declinación del padre” de un modo más preciso.

No hay dudas sobre el hecho de que si alguna precisión puede encontrarse, ello ocurre en el interior del campo teórico del psicoanálisis; y especialmente, cuando su punto de incidencia en  lo real es el de su propia experiencia, es decir la aplicación de su dispositivo en su praxis con el sujeto.

Guiados por tal indicación, retomemos el término ‘declinación de la función del padre’. Como se dijo no es suficiente tomarlo únicamente por su vertiente de déficit; es necesario subrayar, a partir de incluir el sentido gramatical y geodésico, que cuando se enuncia ‘declinación del padre’ se está implicando que:  no se trata de una persona sino de una función; que la misma, generalmente considerada en su sentido lógico-matemático, es, para lo que nos interesa,  equivalente a lo que en gramática se denomina paradigma de flexión casual; que el paradigma es un conjunto ordenado de transformaciones; que dichas transformaciones hacen posible el desempeño de la función según el caso; y que una desviación respecto a las coordenadas simbólicas de la función es inevitable dada la existencia de lo real en la estructura subjetiva.

No puede menos que evocarse después de lo dicho, algo de lo que fuera adelantado, en parte más arriba,  al referirnos  a la enseñanza de  Lacan, en lo que al padre concierne.  Es necesario ahora articular lo que acabamos de señalar. Toda vez que se emplee el término ‘declinación’ en la expresión “declinación paterna” se está diciendo  que:

*:  el padre es una función paradigmática. A entender no en el sentido que la palabra -paradigma-  tiene para  referir lo  ejemplar; ya que de tomarlo por esa vía no se haría más que inflar los ideales que gravitan alrededor de la figura paterna, idealizaciones de todo tipo provenientes de la más variadas creencias e ideologías existentes en la cultura. Sino en un sentido más operacional;  esto es, entender la función como esquema formal que ordena la serie de posibilidades articulatorias entre significantes en lo inconsciente,  para dar lugar a la instauración del orden fálico, y a parte de la regulación del goce.

*: que su operatoria  procede según un orden de transformaciones. Aún si se da que la inscripción del significante NP ha ocurrido, su  operación en cada caso, es decir en cada ocasión en que la función sea requerida para permitir una localización del sujeto respecto del deseo,  es su transformada (en el sentido matemático del término) la que funciona. Dicho de otro modo, que la disposición del significante hace posible su retranscripción en relación a los otros significantes que se ponen en juego para determinar el posicionamiento subjetivo en la circunstancia de la puesta en acto del deseo

*: que tal funcionamiento ocurre por la vía de operaciones de suplencia. Suplencia que debe leerse como reescritura de las letras disponibles en lo inconsciente; o eventualmente por la invención de un montaje imaginario/real que haga sus veces. Ya que el sentido a dar al término suplencia no es el de una ortopedia  funcional que complete algo fallado; sino que, conviene más  darle un sentido semejante al que en gramática tiene el término suplemento. Este se refiere  a la posibilidad de  utilizar el verbo auxiliar ‘ser’  para enunciar acciones, en las lenguas de flexión casual,    para ciertos casos de la declinación verbal.

*: que lo real en la estructura provoca una declinación del ordenamiento simbólico. Declinación solo nombra aquí al efecto de ‘torsión’, (del mismo modo que el campo magnético del planeta determina un “meridiano magnético” que presenta una torsión angular respecto del meridiano topográfico), o curvatura que lo real impone sobre las coordenadas simbólicas de la función, lo que no implica su degradación, ni menoscabo, ni mucho menos su desaparición. Digamos que lo real  determina una flexión; e intentemos articularla ahora  a lo que se esbozó más arriba al tratar la cuestión de la transmisión que el padre hace.  No basta con decir que él pasa a otro su propia posición en el deseo, hay que agregar que tal posición se determina por una regulación del goce real que habita la estructura subjetiva. El padre en tanto que es un ser hablante, tiene como cualquier otro, que arreglárselas con ese real; ese ‘arreglo’ procede según una ley económica, aquella que rige las transmutaciones del goce según un principio de pérdida y recuperación de plusvalía. O para decirlo con palabras  de Lacan: “La castración quiere decir que es preciso que el goce sea rechazado, para que pueda ser alcanzado en la escala invertida de la Ley del deseo”

El arreglo singular que el padre ha conseguido, según la ley de la escala invertida, al momento de satisfacer la función, transmitirá al hijo la posibilidad de construir su propio arreglo, no exactamente el mismo que el del padre, pues se debe, en este punto, prescindir de él, pero a condición de servirse de él. Tal es la in-flexión que de la transmisión puede esperarse.

            Lo dicho hasta aquí no supone que sea imposible la extrapolación y utilización de las  tesis psicoanalíticas fuera de su campo de referencia específico. Pero ocurre que tales maniobras se exponen siempre al peligro que representa el uso puramente metafórico, cuando no simplemente analógico de sus términos teóricos; toda vez que no se toma el recaudo de su reelaboración dentro del campo discursivo al que se importan, y al no redefinírselos según el tipo de real específico que le concierne después de su nueva inclusión. Esta parece la situación en muchos casos cuando se emplea el término Declinación de Padre; ejemplo de ello se encuentran en  muchos de los discursos enumerados párrafos atrás.

            Esta misma serie de consideraciones valen para el caso en que sean mismos psicoanalistas quienes hacen uso de sus tesis teóricas en aplicaciones  a un campo referencial diverso del de su experiencia de la cura. También en tal situación debería procederse con los mismos recaudos arriba señalados.