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La ambigüedad de Freud. Por Marcelo Izaguirre

No deja de resultar inadecuado hablar de la ambigüedad de Freud cuando nos referimos a cualquier tema, sobretodo si consideramos que Derrida ha escrito un artículo que habla de ser justo con Freud. Ya que más allá de las vacilaciones que pudiera haber tenido trabajando el tema de las perversiones, desde los Tres ensayos hasta el Fetichismo, no era Freud una persona que conociera de posiciones ambivalentes. En definitiva, si tomamos la acepción del diccionario, ambigüedad es una  propiedad de alguien que no tiene posiciones determinantes. Y para mostrar que Freud no pertenecía a ese sector me baso en  el juicio de una persona que tuvo trato con él como fue E. Jones, quien al referirse al tema  del análisis profano, comentando las diferencias (Jones acordaba con los norteamericanos) decía de Freud “El nunca podía entender las posiciones intermedias, tal como era la mía en este asunto”. Podemos leer en numerosas expresiones de Freud la  confirmación de esa apreciación, sólo recordaré el paradigma, que es aquella que decía que si se comienza cediendo en las  palabras se termina cediendo en los hechos.

Hecha la salvedad,  podrías hablarse de ambigüedad si aceptamos la segunda acepción del término al que hace referencia María Moliner que es equívoco y recordamos el parentesco con la verdad que encuentra Lacan en ese término más que del lado de la exactitud, al menos cuando se trata de psicoanálisis. Ocurre que si se toma la clasificación clásica, en la que Freud sigue a Kraft Ebing, de desvío respecto al objeto o respecto al fin, el equívoco,  o para decirlo claramente, lo ambiguo es el tema.  Cualquiera que circule por las calles en los tiempos que corren, o preste atención a las presentaciones clínicas, sabe que esto es así, y la vacilación de Freud debe ser  pensada en relación con la época. Respecto a ello P. Gay dirá que Freud se debatía entre el burgués tranquilo que no quería perturbar y el científico que en su afán de investigar tenía siempre una granada en su mano. Ocurre que si uno siguiera la afirmación de Stefan Zweig, contrariamente a lo afirmado por Roudinesco, decir en 1900 “Si el niño tiene una vida  sexual, tiene que ser perversa equivalía a un suicidio científico”, aunque   para entonces comenzaban a aflorar trabajos de sexólogos sobre las perversiones. Pero así como Charcot no terminaba de hablar de lo que sabía sobre la sexualidad de la histeria, los expertos no la habían emprendido con la sexualidad de los niños (hay que exceptuar al inglés Maudsley de quien Freud  parece haber escuchado los primeros comentarios sobre la sexualidad  infantil). No resulta casual que la obra fundante del tema de las perversiones en Freud sea,  junto con la interpretación de los sueños, la que más ediciones tuvo en vida y junto con ésta la que mayor cantidad de correcciones y agregados recibiera. También fue la  que  consideró junto con los sueños,  la más importante. Sabemos que eso no quiere decir que sea necesariamente así,  pero al menos era lo que él indicaba.

A lo que se alude cuando se habla de la ambigüedad creo que se debe  a que en determinados momentos la  perversión configura una estructura y en otras ocasiones sólo se trata de un desvío de la norma, que me  parece que es el sentido que habría que entender cuando Miller dice que en Freud la sexualidad culminaría en la normalidad. Los dos textos característicos donde quedarían sentadas esas posiciones son los Tres ensayos, con todos sus agregados  y su resumen  a los universitarios “La vida sexual humana”. Del otro lado tenemos Pegan a un niño, el problema económico del masoquismoFetichismo. Como toda clasificación es incompleta y arbitraria, ya que no podemos dejar de tener en cuenta el trabajo sobre Leonardo, donde Freud define por primera vez que el  fetiche es  el  sustituto del falo que falta en la  madre, y la organización genital infantil de 1923 que no deja de ser  un apéndice de 3 ensayos unos años más tarde,  pero que sin duda transforma fundamentalmente el texto de 1905. La bisagra de esas posiciones es La transmutación de las pulsiones y en especial el erotismo anal y  pulsiones y sus destinos. Trabajos que modifican también 3 ensayos, ya que en 1915 es agregado en su totalidad  el apartado correspondiente a la teoría de la Libido. No estoy haciendo un mero racconto de distintos textos de Freud, estoy  intentando mostrar mi afirmación del comienzo en cuanto a la dificultad de caracterizar de ambigua la posición de Freud referido a la perversión.  Habla de la complejidad del tema, para que se den una idea, por entonces, Magnus Hirschfeld miembro fundador de la sociedad psicoanalítica de Berlín llegó a determinar en su cálculo  de posibilidades que las  combinaciones intersexuales eran 43.046.712. Los diferentes agregados, entonces, van modificando el texto central sobre la sexualidad que hiciera Freud, entiendo que es una de las razones por las cuales Miller dice Freud clásico es tener en cuenta los diferentes momentos con su lógica. Con lo cual esa división en dos grandes grupos de textos se complejiza ya que las divisiones se hacen interna a los textos. Como recuerda Strachey ya no se sabe  cuál es la edición original de 3 ensayos. Cuando Freud lee su conferencia sobre la vida sexual humana en 1917 en la universidad, ha elaborado ya la teoría de la libido, dirá que hay sujetos cuya vida sexual no difiere de la “normal”, pero no quiere decir esto que no puedan ser  incluidos dentro del grupo de sujetos que poseen vida sexual y deben dejar de ser tratados como degenerados pues no presentan aparte de esa anomalía otra tara. Estos sujetos son los denominados perversos, al estudio de los cuales se dedica Freud por considerar que no es posible entender la sexualidad normal si no se comprende claramente la patología, establece una diferencia entre “perversión” dentro de la cual estarían comprendidos algunos neuróticos y “perversión perversa” donde pertenece la primera al campo de la vida sexual normal. Una sería latente, la otra manifiesta. Clasificando los perversos  en dos grandes grupos, respecto al objeto y respecto al fin  encontraremos, sostiene, “que no existe un solo neurótico en el cual no se pueda probar la existencia de tendencias homosexuales, siendo los síntomas neuróticos la expresión de dicha inversión latente. Esto en cuanto al objeto, en cuanto al fin todos los sujetos realizan como etapa previa al coito actos como la contemplación, el tocamiento, etc. Los cuales se dan  en los perversos como patológicos al ser fines en sí mismos (productores de placer). En cuanto se transformen en medios dejaran de pertenecer a la patología y pertenecerán al campo de lo normal. Un aire kantiano ubica a Freud con este texto en el campo mencionado ya que la diferencia entre fines y medios pareciera que pudiera ser objeto de cierta maduración y educación. No es porque haga  pensar en una diferencia entre el bien y el mal, ya que no está ausente ese dilema en los tiempos que corren, se puede leer en un trabajo de Germán García de qué manera aparecen confrontados el bien y el mal en Un año  sin amor. Es que esa diferencia, por otra parte, ha conducido a considerar a los niños como perversos polimorfos por naturaleza en tanto que otros mejorarán con el desarrollo. Como se ve, estamos lejos del fetichismo como sustituto del falo materno. Para entender  el cambio de posición hay que recordar el encuentro con el estudio sobre Leonardo donde dirá en 1923 que ya había hecho la referencia al fetiche como sustituto del falo materno sin fundamentarlo.  Y textos como Pulsiones y sus destinos donde va a dar cuenta de la pulsión vuelta sobre  sí, pero fundamentalmente su carácter reflexivo. También Pegan a un niño que dará cuenta a partir de los seis casos reducidos al fantasma, como expresa Hans Sachs, de que  las perversiones no deben ser pensadas al margen de la estructura edípica con un elemento constante (masoquismo) en los tres tiempos.

 Se ha producido el viraje de la confluencia pulsional bajo la primacía de los genitales a la primacía fálica. En   “psicoanálisis y teoría de la libido” que es de 1922, artículos escritos para la enciclopedia, cuando se refiere a la evolución de la libido en el punto 14, aún no incluye la etapa fálica, el  último y definitivo estadio es la síntesis de las pulsiones parciales. Aquí vuelve a dar una explicación de las neurosis y perversiones como detenciones en el desarrollo. Será en el trabajo de 1923 que Freud dirá que la diferencia entre la sexualidad del adulto y el niño es que  para éste no hay síntesis bajo la primacía de los genitales sino un solo término. Con la primacía del falo hemos salido de la sexualidad infantil como perversa polimorfa para pasar a constituir el paradigma de la constitución subjetiva. Se  puede leer el trabajo de Deborah Fleischer sobre las diferentes formas de rechazo para ver que uno de sus tipos habla de los modos de constitución del sujeto. En su conferencia en la universidad Freud había manifestado las dificultades para definir la sexualidad. La consecuencia de 1923, además de la mencionada transformación en el resumen de 3 ensayos, será la escisión del yo en el proceso de defensa y los trabajos sobre sexualidad femenina,  donde a pesar de lo que algunos han querido ver, no había ambigüedad por parte de Freud.

Querría retomar brevemente el tema de la diferencia entre el objeto y el fin o meta que realiza Freud sobre la cual se ha insistido demasiado, pero en esta ocasión quiero mostrar una lectura un  poco distinta, escrita mucho tiempo después de pulsiones y sus destinos, donde se dice que “Por supuesto, no se trata del cambio de  objeto (¿hay que suponer uno natural?) y mucho menos de un cambio de fin (¿hay que suponer otro que el goce, aunque desgarre el velo narcisista del  placer?)” Antes de que Roudinesco escribiera en su diccionario que al tratarse de la perversión se ponen en  juego el deseo y el goce, Germán García agregaba a lo dicho que “no se trata de la trans (formación) del placer en otra cosa sino del goce de la trans (formación)”. ¿No hay que leer allí que la pulsión se satisface en su recorrido? También en  una crítica al innatismo mencionado  por Freud agrega, siguiendo a Kant, que “el hombre no actúa según leyes ‘naturales’ sino según la re-presentación simbólica de esas leyes”  en un trabajo que culmina afirmando que “Hablando ello goza; por haber escuchado la ley ello desea”. Podríamos decir que cuando Freud escribe su primer gran texto de la sexualidad, lejos aún del fort-da, preso de ciertos aires científicos que le hacían pensar que en la naturaleza se podían encontrar algunas respuestas es objeto de la misma crítica que le realiza René Girard respecto al padre de la horda.

             Concluyendo con un razonamiento del orden del caldero agujereado: si se quiere insistir en hablar de ambigüedad, ella muestra que no era pansexualista como en algún momento se lo quiso ubicar. En cuanto a la idea que  consideraba la unión heterosexual adulta como el ideal al cual deben aspirar todos los humanos  hay que recordar que separó ese ideal de la monogamia algo que transformó a su ideología era subversiva para la época como dice P.Gay. También existe la carta que hiciera conocer Jones en la que Freud en 1935 a una madre norteamericana, que aparentemente ha consultado  por un análisis, y a la cual le contesta, que si la expectativa es que el psicoanálisis modifique  la homosexualidad de su hijo, no se moleste en cruzar el Atlántico.

 

Referencias:

Freud Sigmund: “Tres ensayos para una teoría sexual”. O. Completas Biblioteca Nueva, Madrid 1973, T.1

Miller Jacques – Alain: Introducción al método psicoanalítico, Eolia – paidós, Buenos Aires 1997.

Gay Peter: Una vida de nuestro tiempo, Barcelona 1996 (1989)

Jones Ernest: Vida y obra de Sigmund Freud, Horme 1981 (1960), Tomo 3, p. 315

García Germán: “Transbitrieb: más acá del dolor, más allá de la muerte” en IMAGO, Nº 5, Bs. As.julio de 1977, p. 69