Qué se aprende de los casos. Por Marcelo Izaguirre

Aquello que se aprende de los casos no se encuentra en la literatura. En cualquier sentido que se entienda: más allá de lo que nos ha dicho Ricardo Piglia, no se aprende en la literatura como género, ni  en la literatura de los casos publicados. Tampoco lo aprenderemos leyendo los cruces de artículos entre distintos funcionarios en el diario Clarín. ¡Intente usted demostrarle algo a  alguien que no desea tener ninguna demostración!, le decía Freud a Jung, refiriéndose a gente que atacaba al psicoanálisis. Con la lógica no hay nada que hacer agregaba, sólo el tiempo podrá transformar los juicios, y acercándose a Khunn afirma que lo que en un momento dado no constituye ninguna demostración, luego de 5 a 10 años se habrá constituido en una demostración sin que nada haya cambiado (26-05-07) Es que en cuanto a la demostración las  palabras no  siempre presentan la convicción de los hechos. Días pasados Germán García ponía de manifiesto que no era lo mismo aprender lo que es un volcán en el manual de geografía, que estar al pie del Etna en el momento de la erupción.

El volcán   nos pone en tema  ya  que en principio me refiero a ciertos presupuestos presentes cuando se piensa  la clínica  como literatura. No es un secreto que esta hipótesis  pertenece a nuestro amigo Jorge Baños Orellana, quien va a tomar para su análisis un tema en el cual tiene su papel el volcán, pues va a hablar de la Gradiva.. Ha hecho referencia  a ello en un reportaje realizado en la revista Acheronta donde habla de su módulo de  investigación llevado adelante en el Centro Descartes, y  dice que el    capítulo menos comentado de su libro El escritorio fue “El Freud al  que Lacan no retornaba”. Allí tomando el caso Rodrigué dirá que Rascovsky arriba a una solución siguiendo el modelo de Freud, en la Gradiva, donde se ve que está  preocupado por la elección adecuada de objeto. Si aceptáramos plantearlo en esos términos, la de Rodrigué no fue una cura ya que tuvo que seguir cambiando de objeto. Pero  toma dicho texto para destacar que  Lacan no se refiere al mismo y lo compara con la novela rosa del amor genital de Abraham, que es criticada en la DC.  Está bien como ejercicio de lectura  pero resulta curioso tomar la Gradiva para mostrar la teoría de Freud, aunque se haga para mostrar la literatura de la época. Jensen en definitiva, no marcó la literatura de la época y su novela no pasa al decir de Freud mismo de la mediocridad, el mismo Baños destaca que Freud hace uso de ese tema como modo de expandir el mercado psicoanalítico (en verdad  Freud la hace conocer al comentarla). Es decir, forma parte de lo que se da en llamar psicoanálisis aplicado y en tal sentido Freud nunca  pensó que el psicoanálisis pudiera arrojar luz sobre los misterios de la creatividad. Se puede leer ello en el trabajo sobre Leonardo así como en Dostoviesky donde Freud se acerca a las apreciaciones de Piglia: “Ante el problema del creador   el análisis debe deponer las armas”. Referido a la Gradiva le comenta a Jung que no tiene nada nuevo para decirle, sólo que quien había hecho un comentario volvió a hacer otro  -mucho mejor- en el suplemento del Allgemeine Zeitung. Y agrega: “Debe querer algo de mí. ¿Quizá sean los mejores libros acerca de los cuales no se escribe?”.

Jorge Baños Orellana confronta con el modo de pensar en Freud y Lacan, dirá. que si la Gradiva pone de manifiesto cierta sexualidad, de la cual ya  no se habla, en Lacan las referencias son Klosovski, Bataille y Blanchot. De acuerdo, pero también habría que pensar que las referencias no siempre son la de los contemporáneos, así como para Freud era importante Goethe, sin duda que Flaubert puede haber tenido su importancia para  Lacan. (cf. las referencias al falo en Bouvard y Pecuchet)

Germán García también escribió en su momento sobre la Gradiva destacando que la relación fraternal con Jung produce sus efectos: poeta frente a Jung, se hace científico para Jensen. Por esta afirmación realizada en 1974, Germán podría cobrar derechos de autor para el capítulo 1 del libro Prodigios y vértigos de la analogía de Jacques Bouveresse (1999) que titula “Del arte de hacerse pasar por ‘científicos’ a los ojos de los literatos”. Eso en cuanto al uso que hace Freud de la Gradiva, en cuanto a la literatura de la época, destaca Germán García que Freud escribió en esa  constelación simbolista, donde se intentaba hacer  pasar la luz de la razón al lado de la sombra, con lo cual encontramos en la Gradiva un bricolage simbolista más que una erótica natural

Para no derivar en una cuestión de épocas literarias, dejo  el tema aquí, a quien le interese puede confrontar los textos mencionados.

Volviendo a los casos, y del lado de Freud me parece que se puede tomar el camino de P. Gay cuando sigue a Freud a través de sus lecturas, donde no figuraba la Gradiva entre las preferidas, pero en esta ocasión seguirlo a partir de los casos que Freud no toma. En tal sentido tenemos al joven de Görlitz que Freud deriva para ser internado en la clínica de Jung y le dice: “el joven será muy interesante, el sacará seguramente poco provecho de nosotros, pero nosotros mucho de él y sobre todo es el primer objeto que podemos someter a una prueba pericial” También le menciona de las voces pero le parecen dudosas para el diagnóstico. Jung le contesta que por razones de disponibilidad no podrá alojarse en la clínica. Y acuerda con Freud en que el caso es interesante y que las voces son preocupantes. Freud le dice que quizás lo puedan admitir más adelante, que sería un caso muy instructivo como todo error. Persiste todo lo conocido y a ello se agrega la demencia precoz de la cual Jung había dicho que aún no se sabía nada. El joven de Görlitz terminó atendido por Abraham quien escribe a Freud (21-12-07) haciendo saber  que presenta en la actualidad una psicosis alucinatoria y le hace saber que el caso junto con otros dos atendidos por él son “importantes para nuestra concepción”. Freud le responde a Abraham (1-1-08) diciendo que el conjunto es muy transparente; “trágico para su porvenir y sumamente interesante para nuestra concepción es el acompañamiento y fundamento  de su  repudio de la sexualidad”. No deja de mencionar que ha hecho saber a los padres del mal  pronóstico y el caso debe considerarse una demencia precoz, ya que las voces que alucinaba cuando fue a verlo rebasaba los límites de la histeria y la obsesión. Esa referencia  al porvenir del sujeto, su sufrimiento, a pesar del enojo de Derrida con Lacan es lo que marca la diferencia  del psicoanálisis con otros relatos.

Me parece que esa referencia de Freud al error en el caso de Görlitz pone de manifiesto lo que indica J. – A. Miller en cuanto a que en la relación entre teoría y práctica Lacan destacaba la necesidad que se construya “la teoría de la equivocación esencial del sujeto en la teoría”. Esa determinación es la que aleja al analista de la posición universitaria de la conquista del saber. Se ha dicho que Freud estaba muy preocupado por el saber, y en reiteradas ocasiones fue así, pero si Jorge Baños traía la comparación con el Buenos Aires de mediados del siglo XX, me gustaría confrontarlo en esta ocasión con alguien de comienzos del siglo XX, que sostenía una posición universitaria, como José Ingenieros, quien además de seguir a Janet intentaba conciliar diferentes teorías entre las cuales estaba la psicofisiología a la francesa (que renuncie a ella le pedía Macedonio Fernández). Resulta instructivo el análisis que realiza Horacio González, de esa oposición, donde encontramos las diferencias y las razones por las cuales jamás Ingenieros podría haber sido el introductor del freudismo en Argentina. A pesar de la similitud de referencias literarias que estaban presentes en  Freud y Ramos Mejía (o J. Ingenieros), no obstante Freud pudo escribir en el caso Dora la crítica a la Viena burguesa con comicidad burguesa, algo que Ingenieros preocupado por la simulación despilfarra con el “caso Batata” al no saber resolver la comicidad interna que posee. Creo que esa diferencia está dada entonces no tanto por lo que subyace como fundamento sino el modo en que se construye el caso: Ingenieros del lado del positivismo se encuentra preso de la parábola del caso y de la demostración de una enseñanza (la histeria bajo el concepto de sugestión); Freud,  por su parte, en una posición más cercana a las consecuencias de la navaja de Occam,  donde no importa tanto la realidad que subyace como los mecanismos presentes en la constitución de la neurosis.

Otro caso   más conocido es el de Otto Gröss  que llevó a Jung a dar distintos diagnósticos, en principio una obsesión y finalmente una demencia precoz. Freud  quien debería haber atendido a Gröss, pero cierto malentendido lo dejó en manos de Jung, le dice a éste que por mucho que sienta lo de Gröss, no se puede dejar de valorar la importancia que tiene para usted el que haya tenido que realizar su análisis “Jamás –le dice- habría podido aprender usted tanto en otro caso, el resultado más inmediato es también, como veo, que usted se ha aproximado de nuevo a mí en sus concepciones”(21-06-08) ( Gröss junto con Sabina Spielren le dieron duros dolores de cabeza a Jung) Esto es porque Jung escribe que la devaluación de la realidad en la demencia precoz parece deberse a que la huida en la enfermedad parece deberse a que la huida en  la enfermedad tiene lugar en un período infantil tan temprano que el complejo sexual es aún completamente autoerótico, por ello existe un autoerotismo permanente (19-06-08). Freud había escrito (3-03-08) esa indicación donde le decía que la paranoia era un desprendimiento fracasado de la libido, ya que retorna en la proyección, en tanto la demencia precoz corresponde al retorno auténticamente logrado al autoerotismo.  Como diría Lacan, Freud no era alguien que iba de la Escuela a los fenómenos, sino que partía de los fenómenos tal como se manifiestan en el sujeto. Para dejar a Freud mencionando un caso que sí atiende, mostrando su pragmatismo y como anticipo del saber hacer, cuando le reclaman por un libro que ha escrito Stekel dice que no ha ejercido ninguna influencia sobre él, que hace tiempo que sabe que no se puede modificar a las personas, “Hay que contentarse -agrega- con obtener de cada uno aquello que en él resulta utilizable” (No deja de  presentar esa referencia Jorge Baños cuando recuerda la idea de Freud de transformar la miseria histérica en infortunio ordinario y que con un sistema nervioso restablecido podrá defenderse mejor de este último)

Del lado de Lacan  que  aparece trabajando con la psicosis, si bien parte de la Escuela freudiana, no deja de partir de las neurosis para articular una nueva enseñanza en cuanto a la relación con el falo que debe ser pensado como  un significante que compete por igual a las mujeres y los hombres. En tal sentido es importante considerar el modo de presentar distintos casos clínicos por parte de Lacan en el escrito La dirección de la cura y los principios de su poder. Luego de trabajar el caso Kriss en el apartado 2 y el caso de Lebovici en el 3 donde criticara la supervisión llevada adelante por Bouvet, presentará dos casos en el apartado que titula tomar el deseo a la letra, para mostrar el papel del falo en la bella carnicera, donde señala que en definitiva se trata de ser el falo, más allá de la insatisfacción que ha mostrado Freud en la interpretación del sueño. Para no dejar las cosas del ser del lado femenino, refiere un caso propio donde un sujeto impotente envía a su mujer a tener relaciones fuera. Cualquier cosa que se pudiera decir en cuanto a la agresividad presente por una homosexualidad latente no estaría al alcance de la respuesta de la mujer, quien sueña con un falo lo que no le impide tener relaciones. Para cualquiera de los sujetos en juego, se trata en la cura, de aceptar que el falo se puede tener o no tener a condición de no serlo. Como se ha dicho, hay que tener en cuenta la presencia de  Jones,  para pensar algo en relación con la  desaparición del sujeto, al tiempo que el falo como significante y la estructura son los elementos que le permiten a Lacan establecer una función diferente del falo de la que había pensado Freud, En el escrito Lacan dirá “nuestra ciencia no se transmite sino articulando en la ocasión lo particular”   pero también agrega que es la ocasión de hacer captar la función de significante que tiene el falo en su deseo. Entiendo que es una muestra de lo que señala J. –A. Miller en cuanto a que el analista chapucea entre el realismo y el nominalismo.  En la clase del 15-5-79 del seminario La topología y el tiempo Lacan retoma el tema de qué quiere decir tener el falo: no tener nada de nada  y quedar no obstante sometido a la función fálica. Y destaca dos formas de desaparición, la del significante que comprende a la repetición o bajo la ocultación (del objeto en el fantasma –contrabando) (no hay que olvidar que para mostrar la relación del sujeto con su deseo en el escrito mencionado termina aludiendo al contrabando). Miller expresa que es el neurótico quien hace surgir la distinción entre el ser y el tener, lo que a veces lo conduce a tratar de demostrar que no tiene nada. Pero esto, tendrá que ser demostrado en otra oportunidad.

Marcelo Izaguirre

Referencias:

Reportaje a Jorge Baños Orellana en “Relatos Clínicos” Nº 1, revista Acheronta (en www.acheronta.com.ar)

García Germán: Saber de la Gradiva en Freud, W. Jensen: Gradiva, Ediciones Noe 1974.

Freud Sigmund – Jung Carl – Gustav: Correspondencia, Taurus, Madrid, 1978.

Freud Sigmund – Abraham Karl: Correspondencia, Gedisa Madrid, 1980

González Horacio: Restos Pampeanos, Ciencia, ensayo y política en la cultura argentina del siglo XX, Colihue, Bs. AS. 2000, p.p. 83, 86

Miller Jacques - Alain: “La bolsa de los inclasificables” en Los inclasificables de la clínica psicoanalítica, Jacques Alain Miller y otros Paidós,Bs. As. 1999, p.403